La verdad según radio Goebbels

La verdad según radio Goebbels

La verdad según radio Goebbels

Fernando García Álvarez

Propagar una mentira es mentir con descaro, me digo esto mientras viajo en un taxi de aplicación por las intrincadas calles de la Ciudad de México, el conductor enajenado por el estridente tráfico, escucha en la radio a un volumen muy alto el programa noticioso de un tal Iñaqui Manero y Alejandro Villalvazo en 88.9 del cuadrante. La campaña de odio y desinformación vertida por estos pseudo periodistas es escandalosamente ruin, totalmente perversa al repetir una y mil veces la falaz y supuesta falta de medicamentos contra el cáncer en hospitales del sector público sin citar al menos una investigación de órganos de control nacionales o internacionales con casos específicos. Esta patraña repetida millones de veces (como lo recomendaba Goebbels el propagandista del fascismo alemán) en prácticamente todos los medios masivos de comunicación es una campaña sistemática para denostar al gobierno de la cuarta transformación.

Y es que vengo precisamente del Hospital público en el que soy tratado desde hace años de un cáncer de sangre, un mieloma múltiple de difícil cura, sin embargo, aquí en la mochila atesoro el medicamento que recién me entregaron de manera gratuita en la farmacia pues gracias a las políticas del actual gobierno el cuadro básico de medicamentos se amplió para que muchos disfrutemos de tratamientos de última generación imposibles de conseguir en sexenios anteriores. Mi medicamento fabricado en Suiza llega puntual mes con mes a mis manos, gracias a eso distinguido lector es que aun puedo respirar, sonreír y escribir estas líneas.

Desde la radio, televisión, prensa escrita e internet estos perversos propagandistas políticos cubiertos con piel de comunicadores están al servicio de los poderes fácticos de cualquier calibre que a toda hora medran a lo largo y ancho del territorio nacional. Sicarios de la información que, embozados de periodistas con una agresiva y prepotente verborrea, narrativa de víscera y escarnio me recuerdan a esas multitudes de zombis que vemos hasta el hartazgo en series y películas.

Estos mercaderes del odio no son periodistas con rigor profesional o ética, son actores políticos llevando agua al molino de su patrón, el señor Claudio X. Descarnados, estúpidos y siempre hambrientos, atacan solos o en multitud a una sociedad indefensa superada mil veces por el desenfrenado apetito del victimario. Los mueve una estéril hambre, codicia infinita que devastó al erario público y las finanzas de la nación que saquearon al amparo de los corruptos gobiernos anteriores dejando tras de sí, paupérrimos salarios para el pueblo, una famélica seguridad social totalmente colapsada y la privatización irracional de los recursos naturales.

Foto Fernando García Álvarez

El ciudadano de la mal llamada clase media sobrevive atrapado en esa ignorancia atávica que se nutre cada día con los medios de desinformación y propaganda, enloquecido en sueños de opio y consumo, atrapado en su individualismo onanista, despojado hasta de su más elemental instinto de supervivencia y conciencia de clase; mansa bestia rumiando sus pobrezas camino al matadero. La prueba contundente de lo anterior son las anquilosadas ideas, reaccionarias opiniones de muchos trabajadores del volante que se sueñan empresarios y declaran una abierta adhesión a la ideología fascista y retardataria con la que son adoctrinados desde el radio de sus vehículos.

– ¿Le puede bajar el volumen al radio? – pregunto a chofer que malhumorado me contesta:

-sí no le gusta bájese de mi coche, ¿no ve que en las noticias están diciendo que están convirtiendo a nuestro país en Venezuela? –

– ¿Y usted cuantas veces a estado en Venezuela? – contesto sarcástico con una risita de esas que encabrona, pero el chofer frena de golpe y me grita que me baje del auto que hasta ahí llega.

Suena al menos utópico pretender que las masas mediatizadas se puedan educar, cultivar, informar, ilustrar, emancipar, al menos sin una iniciativa clara de la 4 Transformación para tomar por asalto el poder de los medios y/o generar los propios, pasando así de la agotadora resistencia a la urgente ofensiva informativa y mediática.

Pasarán quizá decenas de años antes de poder avanzar de manera total en dirección de la sociedad del conocimiento, de la libertad, solidaridad, igualdad, porque para terminar con los muertos vivos tenemos primero que despertar a los vivos muertos y de estos últimos muy pocos quieren tocar el cielo con los dedos. Pensar, razonar, analizar es doloroso y para muchos es más cómodo adormecer la conciencia conectándola a la televisión.

 

editor

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