Basura, política basura
Por Juan Hernández López
La política es el oficio de comer caca sin hacer gestos.
Vox populi
Es la maravillosa época en la que ciertos especímenes mayormente nocivos, nativos del ecosistema de los mullidos sillones, amplias oficinas en zonas nice, multitudinaria servidumbre y carteras de piel italiana rebosantes de billete del presupuesto público vía partidos políticos, son empujados por su desmedida avaricia atávica a salir de sus cómodos cuchitriles con clima artificial en los que simulan trabajar. Como la hibernación de ciertos seres, pero con bestias de verdad peligrosas.
Esta semana como no ha ocurrido en muchos años, han desfilado ante la puerta de mi hogar un sin número de cuadrillas de todos los partidos políticos, más zalameros que perro de ciego en laberinto te entregan panfletos, trípticos, revistas y periódicos promoviendo a sus candidatos y pretendiendo además llenar la fachada de las casas con carteles o lonas en la que esos vividores del erario con cara de memos quieren tu voto para repetir en el puesto o de plano trepar en el escalafón de gobierno como macacos enloquecidos.

En el colmo de la estulticia los partidos políticos contrarios juegan una guerra infame y ridícula que consiste en desprender de los postes, árboles, mobiliario público y casas toda esa inútil publicidad impresa en plástico y papel del adversario para suplantarla por la propia que en el colmo de los sinsentidos tiene exactamente las mismas promesas falsas, mentiras descaradas y rostros cetrinos. En esa ridícula competencia adivinamos la cómica intención por demostrar quien tiene menos neuronas conectadas pues pretenden convencernos de que el mejor candidato es entre otras cosas el del cartel, manta o pinta más grande, el que reparte más volantes y regala más bolsas, o sea el que tira más basura que nadie recogerá.
Al menos en mi alcaldía en Ciudad de México, los candidatos y sus dirigencias políticas sueñan aun que la ciudadanía es una especie de rebaño ignorante en espera de ser arreados hasta las urnas para obtener lo único que quieren de nosotros; el voto comedido y bien portado para agradecer por sus servicios de rapiña y componendas con los dueños del capital que son y seguirán siendo sus auténticos patrones, sabemos que por acá los volveremos a ver hasta las próximas elecciones con su hipócrita sonrisita de limosneros y una humildad tan falsa como su interés por la comunidad.
En redes sociales ya circula desde hace mucho un meme que dice, “En lugar de ensuciar con basura de propaganda política las calles mejor tapen un bache y ponen ahí el nombre de su partido, quizá así sepamos por quién votar”. Y es cierto ahora mismo el suelo de las calles está cubierto de baches, mugre y esta publicidad que para lo único que sirve es para bloquear las coladeras y drenaje causando inundaciones y contaminación. Es un hecho que los “genios de pacotilla” contratados para dirigir esta guerrita propagandística de farsantes mentirosos ignoran el funcionamiento de la internet y las redes sociales, los he escuchado decir en su necedad superlativa que “lo más importante es el territorio” y se dedican a saturar los barrios con basura inservible.
La negligencia absoluta de los partidos políticos es una prueba más de que nuestra sociedad está dirigida por muchos delincuentes perversos, acaso uno que otro ingenuo. Y de los pobres militantes que son obligados por su fanatismo, o peor aún por hambre, a colgar, pegar o pintar los ridículos mensajes de los señores feudales en turno; no diré más en esta ocasión. Ciudadano, amigo sal a votar en las elecciones por quien tú quieras, pero a veces no hay mucho de donde escoger y ya lo escribió el poeta Ch. Bukowski “¿Qué diferencia hay entre un cerote frío y uno caliente”?
La simulación como punto de partida en las campañas política es la prueba irrefutable de que ideológicamente muy poco se ha avanzado en estos años en los que el Tsunami democrático López Obrador fue infiltrado desde el principio por algunas sabandijas que han medrado a espaldas del pueblo y con la complicidad de muchos dirigentes corruptos que viven del voto corporativo como antes en los tiempos del PRI hegemónico. Mientras tanto en la tragicomedia que se ha convertido la grotesca oposición, no canta mal las rancheras sus envilecidos jefes que avanzan ciegos y sordos hasta los límites insospechados de la esquizofrenia, así mismo varios sectores del pueblo lastimosamente siguen distraídos con la televisión, las chelas y el tik tok.

La basura producto de campañas políticas no se remite solo al plástico, papel, cartón y demás impresos que contaminan la ciudad y el campo, la basura también ha invadido la mente de ciudadanos y protagonistas políticos por igual creando enormes vertederos mentales, inmensas montañas de desechos con información falsa o tergiversada, tiraderos donde ni siquiera se planea el reciclaje de datos, información o planteamientos discursivos para contrastar fuentes y veracidad comprobando así su compromiso con la realidad social. Sin embargo, el imaginario colectivo como conjunto intelectual es apenas un vertedero abandonado donde reina el fanatismo, la inmundicia moral, ética, económica y cultural junto al pragmatismo político más primitivo en una despiadada lucha por el poder, confrontación estéril que carece de sentido, conciencia de clase o compromiso social para convertirse en lo que narra aquella vieja canción a ritmo de salsa “Quítate tú para ponerme yo”.
Esta historia continuará.


